Los esperantes

Sebastián Gastaldi

Los esperantes<br> <p class="autor">Sebastián Gastaldi </p>

Ilustración: Ramiro Rosende

 

 

La espera satisface la necesidad vital de desear, proyectar y conquistar el futuro; el esperante aspira a seguir siendo. Cuando sobre este hábito se imprime la confianza en la realización del horizonte proyectado, la espera deviene esperanza, el hábito se desarrolla en un lazo social apasionado. Contra este trasfondo conceptual, y a través de un punteo alegórico por evocativos pasajes audiovisuales, Sebastián Gastaldi atisba las razones que, al cabo de poco más de un año, han empujado a los entusiastas del “cambio” –quienes “apostaron” por las promesas oficialistas– desde la posición de esperanzados anhelantes a la de esperantes atemorizados.

 

 

Pienso en mis esperas mundanas y cotidianas. Espero con todas mis ganas chocar con mi bicicleta sobre alguna valla levantada de aquellos barrios que, con aspiraciones a privados, colocan impunemente en los límites de sus entradas imposibilitando circular por las calles públicas; espero hacerles tremendo juicio.  Espero no viajar -no de nuevo, decía-  con un taxista facho. Espero que cualquier fila que tenga que hacer, para pagar impuestos o  para  comprar 100 gramos de picado grueso, no me posicione detrás de adultos mayores.

Ahora bien, ¿podría la espera, en tanto objeto a ser interpelado, decir algo de nosotros?, ¿algo que, excediendo las manifestaciones individuales – y egoístas-,  dé cuenta de la manera en que una sociedad se representa a sí misma en determinados momentos?

 

Los esperantes

Sobre un futuro inminente emerge una espera que se asume colectiva. Un nosotros que se diluye luego en un yo, deseando “que el año próximo mejore”.

La espera pone de manifiesto una particular experiencia del tiempo habitando en los sujetos. Articula un presente determinado por su contexto socio-histórico con un futuro anhelado. Es un hábito de la primera naturaleza humana y, por lo tanto, “… consiste en la necesidad vital de desear, proyectar y conquistar el futuro. El esperante aspira a seguir siendo. El hábito de la espera se actualiza y determina, de un modo concreto, en el acto de   aguardar.”

Esta espera no comprende, en un principio, una actitud pasiva; es una acción que los sujetos llevan a cabo. Esperando los sujetos actúan. Asimismo, la contracara del mismo acto de esperar puede adoptar un estado pasivo, su revés. Esta espera en quietud, inactiva, con la forma de una recepción inerte, se pone de manifiesto cuando irrumpen en los esperantes sentimientos de alarma y temor, al presentarse la duda sobre su propia espera.        

Aguardar dice bastante de este tipo de esperantes: eso sienten, sólo hacer; hacer no haciendo. Entre sus palabras, lo que apenas dejan ver, puede sentirse un disgusto no enunciable todavía. La espera que adopta esta emoción pone de relieve el inverso de la confianza, una latente “difianza”. Este pathos, como pisadas de palomas, invade lentamente  la actualidad del rumor social.

No pueden los esperantes actuar sobre la realidad porque, al esperar, ella actúa sobre ellos. Esperan los esperantes. No interpelan, sino que son interpelados para seguir aguardando.

Cuando “yo aposté y espero no me defraude”, olvidé quizás que la casa    siempre gana. Precisamente, no es el pueblo la casa. Toda apuesta consiste en jugarse por una opción, luego, aguardar. Mientras menos posibilidades de perder mejor. En este contexto, no es alentador que la chance de ser     defraudado forme parte de la baraja y, además, sea ésta la carta que, como   todo mago sabe, de antemano será elegida. En el instante mismo en la que se ha llevado a cabo la apuesta, ésta ya no me pertenece. El esperante en la espera ha entregado algo que le pertenecía, ha delegado todas sus posibilidades de ganar a un otro. Mis expectativas, sin responsabilidades, dependen de un otro que, a diferencia mía, actúa en el juego. Sostiene su verdad entre otras verdades.

Los esperantes tienen miedo ahora. Anteriormente no, antes tampoco eran esperantes. De esas realidades que luchan por imponer sus sentidos, como daño colateral, devinieron en esperantes.

Antes esperanzados, ahora esperantes, admiten ser interpelados todavía porque no es posible concebir, sin desmoronarse, que otra realidad social los empuja a bordes cada días más extensos. Uno de esos bordes, por ejemplo, establece los límites entre quienes tienen trabajo y quienes ya no. Por eso “espero que no me echen” y (no) respondo desde mi naturaleza esperante.

El terror difícilmente te permita mirar hacia los costados. Como escena de horror, cuando el psicópata persigue a su víctima, ésta sólo mira hacia adelante tratando de esquivar los obstáculos en su carrera a la salvación, o hacia atrás, midiendo la distancia que la separa de lo inevitable.  

A mi costado, por diestra o siniestra, están aquellos que no he podido ver, que no he querido ver.  Podrían ser yo, sin embargo, son los “que han    tenido carpetas” y los echaron, son a quienes “le están buscando causas”. Podría ser yo, pero “bueno, espero salvarme”. El enano meritocrático y neoliberal que nunca se exorciza completamente.   

 

Los esperanzados 

(Un año y pico antes)

La espera puede adquirir otra modalidad. Una entrega más profunda en el hábito de esperar deviene en esperanza. El predominio de la confianza      establece una nueva modalidad afectiva en los sujetos. Entre un aquí y ahora, y un entonces preñado de aquello que aún no acontece, se desarrolla un hábito de la segunda naturaleza del sujeto, “… por obra del cual éste confía de modo más o menos firme en la realización de las posibilidades de ser que pide y brinda su espera vital”.

Sobre la distancia entre estas temporalidades se materializan los objetos de la esperanza. En estos objetos, y fundamentalmente en la confianza del esperanzado, se constituye el lazo que tensiona y mantiene unido el presente con el futuro. Aquello que vendrá se sustenta factiblemente en la creencia de que sucederá.

 

La esperanza es la espera confiada.  Los esperanzados intervienen sobre sus objetos de esperanza volviéndose concebibles. En la construcción de la realidad social actúan los esperanzados otorgándole sentido a la posibilidad concreta de obtener aquello que se aspira.

En el principio de estos tiempos, cuando el Barba creó el viejo nuevo mundo cambio, de la costilla del odio, de la falda del hartazgo, del vacío político, de la bondiola del estar mejor, del matambre modelo que no llegó hasta donde debía, de los chorizos mediáticos, de la ‘grasa de las capitales’, emergieron los esperanzados. ¿Son estas, entre otras, las condiciones de   producción de un asado esperanzador sobre la parrilla? ¿De la sangre que caerá sobre las brasas?   

Con el poder necesario para que sus efectos configuraran un sustento de la esperanza, el objeto cambio aglutinó en su sistema un conjunto de promesas eficaces: superar la grieta, mejorar el diálogo de los argentinos, pobreza cero, lluvia de inversiones, reducción del gasto público, bajar la inflación, optimizar la calidad institucional (¿el aporte radical?), ningún trabajador pagará ganancias, etc.

A esas promesas, los esperanzados le otorgaron el componente pasional. Arrojadas hacia delante las esperanzas, una euforia vehemente sobre el bien anhelado sobredimensionó el futuro relegando el presente. En este   desequilibrio temporal, imperiosamente aquello que no era aún debía de ser de inmediato. Y eso que había sido, eso que era, perdía toda legitimidad.    

 

La posibilidad de una co-esperanza.

Muchos esperanzados son esperantes ahora.  El tiempo -“maldita daga”- estructurante de tal desplazamiento, constituye también el espacio donde se   asienta una realidad social que pone en evidencia promesas que nunca dejaron de ser promesas. Y si el potencial de toda promesa es devenir en hechos concretos, el vacío que se produce en esta trunca transformación explica en parte el emerger (o el hundirse) de los esperantes.

En el camino trazado para los esperantes aguarda la defraudación. Tomar conciencia de que aquello que esperaban no llegará finalmente, deslizándose en una  pendiente que cobra velocidad porque en un principio de la cúspide eran esperanzados, se traduce en la angustia paralizante de aquel que ya no puede seguir esperando más. Tampoco pueden siquiera volver a esperanzarse en aquél objeto de esperanza, porque las condiciones de posibilidad que la realidad demuestra los ancla a un presente que no permite proyectar y que requiere, en el aquí y ahora, de todos sus esfuerzos.

Pero sí podrían los esperantes, en una nueva y contingente traza no esperada en el mapa, constituir el objeto de otra esperanza que adquiera un valor significativo y superador a partir de la experiencia que sólo el trayecto       recorrido puede otorgar.  

Si la hegemonía que regula el discurso social actual impone, en forma prescriptiva desde sus lugares comunes, la idea de un “sálvese quien pueda”, una nueva esperanza debería configurarse desde el sentido de la solidaridad. Una esperanza que permita presionar antagónicamente desde los márgenes de esta hegemonía discursiva dominante.

En este sentido, si la articulación del presente con el futuro se sostiene desde el presupuesto de la solidaridad con el otro que me rodea, es una co-esperanza la que se constituye. Ésta se diferencia de una esperanza en términos de propiedad en la que convivían deseos comunes, pero desde     individualidades aisladas. Una co-esperanza que permita, en primer lugar, recomponer ciertos tejidos de la trama social; la emergencia de un sujeto enlazado en la co-esperanza de no perder lo que había ganado, de reclamar colectivamente por las promesas empeñadas. Una co-esperanza que contemple la responsabilidad de cada uno con el otro. Una co-esperanza solo concebible desde un nosotros que anhela, si y sólo si en conjunto, estar mejor.

 

(minuto 2:00)

 

Referencias

Peter Capusotto y sus videos. (2014). La puta madre, están sacando fotocopias

Lain Entralgo, P. (1957). La espera y la esperanza. Historia y teoría del esperar humano. Revista de Occidente. Madrid.

Buñuel, L. (1972). El Discreto Encanto La Burguesía.

Penn, S. (2007) Into the wild.