Cartografiando el orden secreto del mundo. Comentario sobre la colección “Portal” de Nico Uncini

Marcelo Córdoba

Cartografiando el orden secreto del mundo. Comentario sobre la colección “Portal” de Nico Uncini <br> <p class="autor">Marcelo Córdoba</p>

La colección “Portal” del artista cordobés Nico Uncini nos presenta una serie de composiciones geométricas, diseños alucinados de una belleza por momentos electrizante, por momentos hipnótica. Tal como se nos anuncia en el subtítulo de la colección (“Un viaje al centro del sí mismo”), el carácter no figurativo de estas obras induce a abordar su contemplación como una búsqueda introspectiva, un camino de autoconocimiento, una indagación en los orígenes y las causas primeras del propio ser.

Manuel Pascual, curador de la colección, enumera los elementos constitutivos de esta aventura interior, dotándolos de cualidades cargadas de connotaciones tanto psicológicas como místicas y metafísicas. El “viaje” comprende así una Nave, “el ser físico y su posibilidad”; un Navegante, “el ser metafísico y su sensibilidad”; una Brújula, latente en el potencial orientador que brindan la luz y la oscuridad “en su relación de opuestos”; y finalmente, un Destino, inscripto en “la cuadratura del círculo”, esa “gran metáfora” de nuestros paisajes espirituales.

En su intención conceptual, “Portal” nos remite, pues, a una exploración análoga a la postulada por la poesía simbolista, el mundo como misterio a descifrar. Para ello, el poeta ha de emprender el descubrimiento de las correspondencias entre el orden material y el espiritual, el plano físico y el metafísico, los objetos sensibles y los ideales. Baudelaire proclamó este propósito en su poema “Correspondencias” (condensación ejemplar de la poética baudelaireana y, por añadidura, simbolista), asimilando a la naturaleza con un “templo”, y al ser humano como un visitante que lo atraviesa “entre bosques de símbolos” en cuyo seno “perfumes y colores y sones se responden”.

La sinestesia es la figura estética por excelencia del simbolismo. Rimbaud la expresó arquetípicamente en su poema “Vocales”, para el que la sonoridad fónica encuentra su respuesta en el plano cromático: “A negro, E blanco, I rojo, U verde, O azul”. El insoslayable impacto de las obras gráficas de Uncini, por su parte, ha de atribuirse al uso de los colores. La intensidad cromática confiere a estos diseños un sentido de vibración y dinamismo, al tiempo que da cuenta de su resonancia onírica y su faceta alucinatoria.

La sinestesia es el medio poético para vislumbrar las correspondencias entre el mundo sensible y el ideal. Ella es capaz de vincular los distintos estímulos sensoriales (un sonido puede remitir a un color, un color a un aroma, y así) por cuanto todas estas experiencias tienen un origen común en el orden ideal, el de las causas primeras. El poeta es el “vidente” capaz de penetrar en los “bosques de símbolos” de la naturaleza, vislumbrando ese orden inteligible subyacente.

Rimbaud prescribió un método para forjar la facultad de videncia que hace al poeta, el “razonado desarreglo de todos los sentidos”. Uncini, en tanto, despliega los nexos sensoriales de la sinestesia por otra vía, la trazada por la composición geométrica. La geometría, en efecto, es el elemento restante del viaje que propone “Portal”, es el Mapa que permite cartografiar los diversos caminos posibles para llegar al Destino. Ella funciona como un modelo de organización formal capaz de integrar consistentemente los diversos niveles y componentes gráficos de las obras.

El resultado de esta organización geométrica de los significantes gráficos es la emergencia del paradigma de la fractalidad como rasgo fundamental de la colección. Un fractal es un patrón o una forma geométrica cuya estructura básica, fragmentada o aparentemente irregular, se repite a diferentes escalas. Tiene, pues, dos características definitorias: es demasiado irregular para ser descrito en términos geométricos tradicionales; es autosimilar, su forma está hecha de copias más pequeñas de la misma figura. Los fractales inscriben el orden racional subyacente a una apariencia a primera vista caótica. En la medida en que el todo puede descomponerse en partes, y en éstas continúa prevaleciendo una estructura similar a toda escala, son formalizaciones sensibles de la correspondencia mística entre el macrocosmos y el microcosmos.

Los fractales cartografían el orden secreto, la geometría sagrada, la ubicua arquitectura del universo. En ellos, la formalización matemática conecta con la sensibilidad metafísica. Uncini caracteriza la intención conceptual de su obra en una sentencia: “Si la energía eléctrica es la columna vertebral de la contemporaneidad, entonces mis construcciones son como radio-grafías de nuestro tiempo”. El objetivo de sus diseños es otorgar una imagen sensible al cuerpo energético del paisaje contemporáneo.

Pero contrariamente a la apelación periodizante de esta caracterización, el propósito que formula Uncini es ancestral, es la misma finalidad que ha definido desde tiempos inmemoriales a los mandalas. Un mandala es un mapa metafísico o espiritual, un sistema ideográfico en el que la materia y el espíritu aparecen unidos en una misma estructura geométrica. La raigambre ancestral de la intención que informa a las obras de “Portal” contrasta, sí, con la contemporaneidad de su factura técnica. Podemos describir los diseños de Uncini como mandalas, por cierto, pero se trata de mandalas cibernéticos.

En general, los diseños de los mandalas pueden ser muy simples o bastante complejos, pero siempre presentan ciertos rasgos comunes: son simétricos, tienen un centro y puntos cardinales que están contenidos en un círculo. En sánscrito, de hecho, “mandala” significa círculo. “Portal” propone un viaje cuyo Destino es la cuadratura del círculo. La fórmula de la cuadratura del círculo define la íntima correspondencia entre lo espiritual y lo material –el círculo, en efecto, simboliza en muchas culturas al espíritu, y el cuadrado a la materia. Es la fórmula que Leonardo graficó con su “Hombre de Vitruvio”.

En tanto “círculos sagrados”, los mandalas también simbolizan la Totalidad, el matrimonio de lo macro y lo micro. Según Jung, representan la totalidad de la mente, abarcando tanto el consciente como el inconsciente. Son estas resonancias místicas y metafísicas las que definen el encuentro con la obra de Uncini. Sus “construcciones” promueven una experiencia estética intuitiva –antepredicativa–, en la que la belleza se presenta sin que deba aún ser nombrada. El “sí mismo” a cuyo centro este Viaje aspira a transportarnos, es una instancia que trasciende los límites del ego individual. En última instancia, lo que se busca es la comunión de los participantes del hecho artístico; creador y espectador, artista y público fundidos en la unidad de un ser superior.

Sólo debemos animarnos a cruzar el portal.